El Sólido Romano
La moneda de oro del Imperio romano y bizantino
El sólido (en latín solidus) fue introducido por Constantino el Grande hacia el 310–312 d.C. en sustitución del áureo. Con un peso de 4,5 gramos (1/72 de libra romana o 24 quilates), confirió una estabilidad económica incomparable a la Antigüedad tardía.
Conocido popularmente en Occidente como el «dólar de la Edad Media» (o besante), mantuvo su prestigio y pureza durante siglos desde las Islas Británicas hasta Bizancio y Oriente.
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| Sólido de oro de Constantino | |
El sólido en el sistema bizantino
En Bizancio, el sólido (denominado en griego nomisma) fue la columna vertebral del comercio imperial, complementado por sus divisores áureos: el semissis (medio sólido, 2,25 g) y el tremissis (un tercio de sólido, 1,5 g).
Bajo Nicéforo II Focas se desdobló en histamenon y tetarteron, adoptando forma cóncava (escifato) en el siglo XI hasta la reforma de Alejo I Comneno en 1092 con el hiperpiron.
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| Sólido bizantino de oro | |
Legado en el sistema carolingio europeo
En el Occidente medieval, reinos godos y francos continuaron acuñando tremises inspirados en el sólido.
Hacia el 781 d.C., Carlomagno estructuró la regla monetaria europea: 1 libra = 20 sueldos (sólidos) = 240 dineros, patrón de referencia hasta la contemporaneidad.